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Publicado: 18/05/2018
Historias de éxito: el paraíso de las joyas de calidad
Conozca la historia de emprendimiento de dos hermanas, quienes desde hace seis años decidieron hacer empresa en la ciudad, con la venta de brillantes importados.
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Como socias, Chary y Silvia, iniciaron su negocio aportando 500 soles cada una.

Trujillo. Chary y Silvia pasaron de confeccionar sus propias alhajas a importar productos de acero que ha tenido gran aceptación entre el público que las visita en su local del centro comercial Plaza El Golf. Ambas cuentan cómo surgió su emprendimiento. El gusto por el trabajo manual llevó a las hermanas Chary y Silvia Pérez Rodríguez, a emprender hace 6 años un incipiente negocio de bisutería. 


Cuidando de los detalles y elaborando finos trabajos de joyería fueron ganando seguidoras en cada showroom que organizaron en sus casas. Optimistas por la buena aceptación que tenían sus colecciones se animaron a ponerle una marca a estos accesorios que eran elaborados por ellas mismas. Se llamaban L’Scense.


El próximo paso fue darse cuenta de la buena aceptación que tenían las joyas de acero, entonces, empezaron viajando a Lima a traer estos productos; sin embargo, pese a que los precios eran tentadores para los clientes, descubrieron que era mejor importarlos.


Nuevamente, interesadas por crecer con este negocio que se vislumbraba rentable, invirtieron en un curso de capacitación para traerlos desde China.


Silvia Pérez, recuerda que su primera importación fue de 200 dólares, “teníamos miedo por la calidad de los productos que son chinos. Había que tener mucho cuidado porque aún siendo de la misma fábrica a veces el baño que le hacen es diferente y el color cede”, argumenta.


Pese a todo, aprendieron a importar los productos y en el 2014 formalizaron su negocio. Inscribieron su naciente marca en registros públicos, legalizaron todo su emprendimiento que inicialmente fue en su propia casa en la urbanización El Golf. “No nos iba mal, pero ahora que tenemos un local desde donde ofrecerlo, nos va mejor” cuenta Silvia.


Y es que, desde hace 6 meses abrieron el primer local de Maki Warmi, —palabra quechua que significa “manos de mujer”—, la joyería que tiene una variedad de creaciones en acero bañado en oro y en plata, además de alhajas en plata.


Una de las características que ambas cuidan es la calidad del producto, por el que ofrecen una garantía post venta; sin embargo, el tener un local les ha facilitado conocer a su público, que en su mayoría son mujeres que trabajan, jóvenes y adultas que gustan de llevarse a casa un outfit completo.